Por qué nos llevamos las manos a la cabeza cuando algo sale mal

El Mundial nos ha dejado un sin fin de gestos como estos, tanto en la cancha como en la grada.

Un jugador dispara al arco, falla y la reacción acostumbra a ser la misma: manos a la cabeza, mirada al cielo y cara de frustración.

Pero este gesto es tan universal que a veces lo practicamos en grupo, casi de forma orquestada, en la grada y también desde casa.

La imagen de abajo es buena muestra de ello.

Este lenguaje corporal tan común en el deporte se traduce también en otros eventos de la vida cotidiana, por ejemplo ver como algo delicado se cae o presenciar una situación de peligro cuando alguien cruza la calle.

¿Qué nos lleva a (casi) todos a hacer lo mismo? La respuesta la tienen varias ramas de la Ciencia.

Psicología

De acuerdo con la profesora Jessica Tracy de la Universidad de Columbia Británica, el gesto tiene un significado claro.

“Es vergüenza”, le explicó al periódico estadounidense The New York Times, que también se interesó por el tema.

“Sabes que te equivocaste y es como decirle a los demás: ‘lo entiendo y lo siento, pero no tienes que echarme del grupo, no tienes que matarme”, elabora.

Tracy, con su colega David Matsumoto, publicó en 2008 un influyente estudio sobre los gestos de victoria y derrota.

“El cuerpo contraído, los brazos alrededor de la cabeza que casi te hacen parecer más pequeño. Son muestras clásicas de vergüenza”, asegura Tracy.

Pero ¿por qué las manos a la cabeza y no a otra parte del cuerpo?

La explicación la ofrece Dacher Keltner, profesor de psicología en Harvard.

De forma instintiva, cuando los seres humanos nos sentimos amenazados o algo nos sorprende elevamos las manos para protegernos. Y es algo que aprendemos desde bebés, explica.

Nos protegemos la cabeza en una situación de shock o sobresalto de forma automática porque esta es la parte más funcional de nuestro cuerpo, asegura Keltner.

Zoología

El zoólogo Desmond Morris también catalogó este gesto como uno de los más comunes para expresar fracaso. Pero no solo el fracaso de uno mismo.

La razón por la cual quienes presencian el fallo también se llevan las manos a la cabeza tiene que ver con la empatía hacia el otro, asegura en sus estudios sobre lenguaje corporal.

Morris apunta también que este gesto es una manera de buscar consuelo mediante el contacto físico cuando no hay nadie cerca que nos pueda ofrecer ese contacto.

Es algo común también entre los primates, destaca.

Variantes

Aunque se trata de un gesto universal, también se dan pequeñas variantes, destaca por su parte el historiador David Goldblat.

Algunos echan la cabeza hacia atrás y miran al cielo, en búsqueda de alguna explicación al mal resultado de nuestra hazaña.

Otros se tapan los ojos, los oídos o la boca. O se cubren la cara entera con la camiseta, como hacen muchos jugadores.

Esa es una señal todavía más clara de bochorno.

Y una señal que todos comprendemos.