La inmigrante que fue esclavizada durante tres años en EEUU

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Fainess Lipenga, de 39 años, llegó a los Estados Unidos con la ilusión de alcanzar el “Sueño americano”, pero lo que vivió los primeros tres años de su vida fue una verdadera pesadilla.

“Me trataron como un perro, he atravesado el infierno”, contó la originaria de Malaui a El País.

En su país trabajó durante algunos años con Jane Kambalame, una funcionaria que en 2004 le ofreció cambiar su vida, luego de que la eligieron para desempeñar un cargo de diplomática en la Embajada de Estados Unidos.

A Lipenga le hizo ilusión vivir en EEUU, a pesar de no hablar inglés, pero con la esperanza que su jefa le ofreció: llevarla como parte de su familia, tener un salario mensual de $980 dólaresdos días de descanso a la semana, vacaciones y el pago de horas extras.

Lo único que ocurrió fue que ella desembarcó con una visa A3 -ligada directamente a su empleadora-, pero ya instalada la familia en la casa de Maryland, su jefa la mandó a vivir al sótano “para no contaminar a la familia” y no dejó que saliera a la calle, colocando un sistema de alarma que Lipenga no podía desactivar.

Nada de lo que decía el contrato se respetó y ella laboró todos los días de las 5:30 a.m. a las 11:00 p.m. por un pago mínimo.

No podía huir, debido al sistema de seguridad y a que su patrona le quitó sus documentos, además de que no tenía seguridad social, contó tras una década de los hechos.

Ella logró escapar tras “robar” sus documentos y gracias a que durante una nevada en 2007 su jefa olvidó cerrar la puerta de la cochera. La vida afuera no fue fácil, pero estuvo en libertad.

En 2014, Lipenga presentó una demanda por daños y perjuicios, el juez decidió a su favor y ordenó el pago de poco más de un millón de dólares, dinero que no ha visto, aunque sus abogados continúan presionando.

Lipenga logró salir adelante con la ayuda de la organización Ayuda, que apoya a los inmigrantes víctimas de trata de personas.