Así afecta el estrés a tu piel

Acné, irritación, envejecimiento prematuro…

Seguro que no pasa un día en el que no sientas algún capítulo lo estrés. En su justa medida es bueno para mantener nuestros mente y cuerpo alerta, pero cuando es excesivo puede incluso aparecer en tu piel. Marta Barrero y Elena Ramos, farmacéuticas y fundadoras del centro de belleza y boutique cosmética The Secret Lab, te explican cuáles son las cinco afecciones de la piel que están asociadas con el estrés y cómo tratarlas, tanto en casa, como en tu centro de estética

Irritación
Con el estrés el cuerpo puede llegar a liberar histamina, que está relacionada con una respuesta alérgica -se manifiesta con urticaria, picazón y enrojecimiento- que puede derivar en afecciones como rosácea o eccemas. Y, aunque no se puede hacer mucho por evitar esa liberación, si tiendes a que te ocurra esto es imprescindible que tengas la piel fuerte y preparada para minimizar la sintomatología. ¿Cómo? Mantén óptimos los niveles de agua y lípidos y así el film hidrolipídico que funciona como barrera protectora, estará listo para evitar que los agentes externos afecten estas manifestaciones. Tus aliados serán los cosméticos y tratamientos de cabina que tengan propiedades calmantes y capacidad de regeneración cutánea.

Acné adulto
El estrés, una alimentación inadecuada, desequilibrios hormonales y algunos productos químicos son factores que causan una alteración en la producción de grasa y, con ello, la aparición de un acné (en la zona del mentón y alrededor de la boca) que no tiene por qué haber aparecido en la adolescencia. Para intentar evitarlo es básico que mantengas la piel muy limpia y libre de células muertas. Se consigue desmaquillándola y limpiándola a diario y exfoliándola con un producto químico dos vez en semana, si la piel no es sensible; además, también debes de usar maquillajes no comedogénicos y cosméticos libres de grasa y seboreguladores. Y una higiene facial en cabina, una vez al mes, será esencial.

Envejecimiento prematuro
El cortisol es una hormona que se libera como respuesta al estrés y que está relacionada científicamente con la descomposición del colágeno y la elastina por lo que, cuando se está estresado, este interrumpe tus ritmos circadianos -tienen que ver con la presencia y ausencia de luz, por lo que es tan importante mantener esos ritmos de sueño y vigilia y a unas 8 horas- y rompe la estructura de tu piel. Hay dos activos que son los reyes antienvejecimiento la vitamina C y el retinol. Úsalos a diario y mejor en suero, para que así alcancen al fibroblasto (célula productora de colágeno y elastina que se encuentra en la dermis), que necesita de ambos para formar estas sustancias que dan elasticidad y sostén a la piel.

Piel apagada
El estrés hace que los procesos naturales no se desarrollen con normalidad, como es el caso de la renovación celular, que se ve ralentizada. Por ello es fundamental que uses un exfoliante, preferentemente químico, a base de hidroxiácidos (láctico, mandélico, azelaico, glicólico…) al menos dos veces por semana. Con este gesto verás cómo cambian la textura y el aspecto de tu piel y, si quieres un extra de luminosidad, un tratamiento profesional a base de vitamina C sería ideal.

Deshidratación
La piel cuenta con una barrera protectora, llamada film hidrolipídico. Se trata de una mezcla equilibrada de agua y lípidos que realiza una doble protección: impide que agentes externos afecten a la piel y evita que el agua se escape, generando deshidratación. La falta de calma altera esa barrera, provocando que el agua se pierda y la piel se deshidrate. Aparte de hidratarte desde el interior bebiendo dos litros de agua, té o caldo al día, aplícate a diario un sérum a diario que contenga en su fórmula ácido hialurónico, ya que es el activo que mejor capta y mantiene el agua en la piel y, un par de veces por semana, ponte una mascarilla hidratante. En cabina, la radiofrecuencia no solo te hidratará el cutis, sino que también regenerará la piel y recuperará el tejido cutáneo.