Inmigrantes piden a la Guadalupana el milagro de ser residentes en Estados Unidos

Con gran devoción depositan sus más grandes anhelos en la Virgen de Guadalupe en el día dedicado a celebrarla

A José, un inmigrante mexicano, las lágrimas se le agolpan mientras camina dejando atrás la imagen de la Virgen de Guadalupe.

“Le he pedido a la Virgencita que le conmueva el corazón a este gobierno para que se apruebe una ley que nos dé una reforma migratoria. No solo le he hecho este pedido por mi sino por muchos como yo, que estamos indocumentados”, dice con voz queda y triste.

A su lado, muchos feligreses prendían veladoras frente a la imagen de la Virgen afuera de la iglesia Nuestra Señora de Los Ángeles de la Placita Olvera. Otros se postraban de hinojos para orar y hacer sus peticiones.

José – quien prefiere no dar su apellido – revela que lleva 16 años sin ir a su natal Yucatán, México, por no tener un estatus migratorio en Estados Unidos.

“Mi abuela murió y no la pude despedir. A mis padres no los he visto desde entonces. Es muy duro pasar la Navidad sin ellos”, confía.

Cientos de inmigrantes llegaron a este templo católico del centro de Los Ángeles para venerar en su día a la Virgen de Guadalupe. Muy temprano le cantaron las Mañanitas, pero la procesión de fieles siguió todo el día.

Muchos rezababan, otros cantaban y oraban, prendían veladoras, depositaban ramos de flores. La iglesia de La Placita estaba convertida en una verdadera verbena popular y familiar en donde se mezclaban los sentimientos de alegría y tristeza.

Algunos padres cumplían con la tradición de llevar a sus hijos vestidos como Juan Diego, el primer indígena católico convertido en santo en América Latina, y a quien en 1531 se le apareció la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac en México.

Los Guadalupanos tapizaron con sus ramos de flores un árbol ubicado al lado del mural de La Virgen, mientras que los danzantes aztecas bailaban y cantaban en honor a La Morenita.

Jóvenes DACA se encomiendan

Verónica, una inmigrante de Oaxaca, México beneficiada con el programa de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), llegó con sus dos hijos vestidos de indígenas.

“Le pedí que me ayude con todas las cosas que están pasando, y en especial por mis hijos, para que no se enfermen. Mi hijo menor tiene 8 meses y el pequeño 2 años”, dice Verónica, quien trabaja como busboy (ayudante de mesero) en un restaurante.

Comenta que el DACA se le vence en un año y le preocupa mucho por sus hijos. “Si me pasa algo a mí, van a tener que quedarse aquí, o ir a la casa de alguien. No sé qué va a suceder”, observa esta joven madre, tratando de no enfocarse mucho en el tema.

Nancy, una madre de dos menores, dice que le pidió a la Virgen mucha salud para su familia. “Los visto cada año como Juan Diego. Los niños se han hecho muy creyentes de la Virgen”, externa.

Esta inmigrante mexicana de 27 años cuenta que emigró a Estados Unidos a los 18 años. Dice que no calificó para DACA, por eso le inquieta la posibilidad de dejar a sus hijos ante cualquier acción migratoria en su contra.

“Mi esposo y yo somos de Puebla, y ninguno de los dos tiene papeles. Lo que hacemos es tratar de no pensar mucho en eso. Solo le pedimos a la Virgen por la salud de nuestros hijos”, observa.

Implora por un milagro

Francisco Peñate, un inmigrante de Chiapas, México que lleva 31 años como indocumentado en el país, dice que le pidió a la Virgen de Guadalupe el milagro de encontrar un abogado que lo ayude a reabrir su caso de migración sin cobrarle.

“Yo trabajo en una pizzería, y apenas si me alcanza. Ya tuve unos abogados que solo me robaron y no hicieron nada”, cuenta.

Peñate sostiene que en 2011 lo detuvieron las autoridades de migración y lo mantuvieron bajo custodia durante seis meses en el Centro de Detención Adelanto. “Hasta que un juez, debido a que yo estaba muy afectado por la depresión, me dejó salir libre a pelear mi caso”, cuenta.

Mientras lucha por contener el llanto, recalca que le imploró a la Virgen de Guadalupe que le conceda el milagro de hallar un abogado de buen corazón y lograr su mayor anhelo de ser residente de Estados Unidos.

Peñate es padre de dos hijos nacidos en el país que ahora tienen 22 años y 16