Incendios sin control encienden las alarmas en Los Ángeles.

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La zona noroeste de Los Ángeles (California) vive una jornada de angustia con cuatro incendios que obligaron a cerrar carreteras, escuelas y a evacuar a miles de personas, tras quemar decenas de edificios, entre ellas mansiones millonarias del barrio de Bel Air, en Beverly Hills.

El alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, informó en rueda de prensa de que las llamas en el sector de Bel Air se han extendido a 60 hectáreas, lo que triplica la superficie afectada cuando se desató esta pasada madrugada en una zona en la que trabajan 350 bomberos.

Un motorista ha muerto mientras huía de las llamas. Y un bombero ha sido atropellado cuando extinguía el fuego de una casa.

El viento parece haberse aliado con las llamas. Sus fuertes rachas han entorpecido y mucho las labores de extinción.

Los vientos impiden trabajar a los medios aéreos, aunque los bomberos confían en que amaine lo suficiente para poder despegar en las próximas horas aviones y helicópteros y así poder atajar el avance del incendio, que, según las últimas informaciones, estaba totalmente “fuera de control”.

Igualmente, otros tres incendios en el condado de Los Ángeles avanzan con fuerza impulsados por los conocidos “Vientos de Santa Ana”, propios de esta temporada del año.

El más poderoso comenzó en la tarde del lunes en el condado de Ventura, a unos 100 kilómetros al noroeste de Los Ángeles, y ya sobrepasó las 26.325 hectáreas.

Este fuego, que obligó a evacuación de los residentes de más de 50.000 viviendas, llevó a las autoridades locales a decretar el toque de queda para proteger a los residentes y prevenir actos criminales.

De acuerdo con el NWS, se esperan hoy “condiciones climáticas peligrosas y extremadamente críticas para el fuego a lo largo de una amplia porción del sur de California” .

Este ha sido el peor año de incendios forestales desde que se tiene registro en California, debido especialmente a los 250 registrados en octubre pasado en varios condados al norte del estado y que asolaron buena parte de las reconocidas regiones vitivinícolas de Napa y Sonoma.

Estos fuegos costaron la vida a 44 personas y destruyeron cerca de 8.900 viviendas y estructuras, según el recuento final de Cal Fire.