Por qué ducharte con agua fría es lo mejor que puedes hacer

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Es una costumbre que se ha puesto de moda y sobran los motivos: funciona contra la depresión, ralentiza el envejecimiento, mejora la productividad y hasta puede que adelgaces.

Tengo una amiga que asegura que el truco para mantener la buena salud –no ha tenido un resfriado desde que la conozco, hace unos 15 años– es tomar una ducha de agua fría todos los días. Nunca hice caso (casi prefiero acariciar una tarántula que meterme en una ducha helada nada más levantarme). Y, sin embargo, puede que mi amiga tenga razón. Ducharse con agua fría está de moda y abundan los motivos: funciona contra la depresión; da un subidón de endorfinas; ralentiza el envejecimiento; mejora la productividad, y para colmo, adelgaza.

Los que no estén convencidos (entre los que me incluyo) pueden visitar la página de Reddit donde otros usuarios comparten su experiencia y ofrecen trucos para los miedosos y principiantes. Desde agua que no sale lo suficientemente helada (¿en serio?) hasta picores tras la ducha o dudas sobre cómo hacerlo cuando uno vive en Alaska (y no tiene suficiente con el frío que hace afuera). Otros usuarios señalan que la vida actual nos ha convertido en unos flojos enclenques, pero en realidad estamos preparados para aguantar el frío y el calor extremos, tal y como hacían nuestros ancestros. Las duchas de agua fría, desde este punto de vista, nos fortalecen.

No se trata únicamente de conquistarse a uno mismo, señala Dolnick; también de salir de la presión y el control que nuestras preferencias ejercen sobre nosotros, la tiranía de los “me gusta” y “no me gusta”. Mientras uno se aproxima a la ducha, el “no me gusta” invariablemente comenzará a gritar. “Pero te acercas, la crisis no se materializa, y el ´no me gusta´ se queda callado. “Una vez que has visto que el ´me gusta´ y el ´no me gusta´ no son más que unos farsantes volubles, todo el mundo comienza a florecer con posibilidades”. Allá vamos.